El presidente, Santi Cabañero, le ha impuesto la Medalla de Oro, de Honor y Gratitud de la Provincia destacando su “honestidad, serenidad y compromiso con la sociedad”
La Diputación de Albacete ha entregado este miércoles a Pedro Piqueras la Medalla de Oro, de Honor y Gratitud de la Provincia en un acto profundamente sincero, auténtico y honesto como él. Celebrado en el Claustro del Centro Cultural La Asunción, ha trascendido el reconocimiento institucional a una figura admirada y querida para convertirse también en un homenaje al buen periodismo: al que informa con rigor, con calma, con verdad, con sentido democrático y sin polarización ni estridencias.
Arropado por familiares, amigos, seres queridos, compañeros y compañeras de profesión y representantes institucionales de distintos ámbitos, desde el local al nacional, el periodista albaceteño ha recibido el máximo galardón que concede la Diputación en una mañana marcada por la cercanía que le caracteriza y el orgullo compartido que Pedro genera.
Junto al presidente provincial, Santi Cabañero, han asistido por parte del Equipo de Gobierno de la Diputación el vicepresidente, Fran Valera, y los diputados y diputadas Llanos Sánchez, Pilar Callado, José González, Ana Albadalejo, Miguel Zamora, José Antonio Calvo, José Antonio Gómez y Yolanda Ballesteros. Además, no han faltado representantes del resto de grupos que conforman la Corporación.
El acto ha sido conducido por la presentadora Raquel Cortijo, que ha ayudado a situar desde el inicio el sentido profundo de la jornada: el de una tierra que ha querido agradecer a uno de los suyos haber llevado el nombre de Albacete “a tantos y tantos lugares con tanto fervor y con tanto amor”, colándose durante décadas en millones de hogares y haciendo que esta provincia estuviera presente, a menudo, en las mejores noticias. La ceremonia ha contado, además, con interpretación en lengua de signos a cargo de Belén Quílez, haciendo accesible el homenaje a todas las personas asistentes.
Un acto de justicia, y una deuda saldada
En el eje emocional e institucional del acto han estado las palabras de Santi Cabañero, que ha comenzado definiendo la cita como “un acto de justicia” hacia Pedro Piqueras. El presidente ha agradecido al periodista haber aceptado “este homenaje que te rinde tu provincia” y haber querido compartirlo rodeado de “los tuyos”, entendiendo esa familia “en el sentido más amplio de la palabra”: la de sangre, la profesional y también la elegida por la amistad.
Cabañero ha recordado que la provincia “tenía una deuda” con Pedro Piqueras, que la DANA obligó a aplazar hace dos otoños y que este miércoles por fin se ha podido saldar “como toca”. Ha rememorado que fue el 18 de enero de 2024 cuando el Pleno de la Diputación, a propuesta suya y con la unanimidad de todos los grupos políticos, aprobó concederle la Medalla de Oro, de Honor y Gratitud de la Provincia, una distinción que, ha recalcado, “no pasa todos los días ni pasa porque sí; sólo ocurre cuando alguien consigue algo muy difícil: hacer mejor a su tierra desde su trabajo y desde su forma de estar en el mundo”. Y ha afirmado, sin matices, que Pedro Piqueras “lo ha conseguido y con creces”.
“Aportas la voz y la mirada clara”
Uno de los pasajes más potentes de la intervención del presidente ha llegado cuando ha situado a Pedro Piqueras dentro de ese “mapa hecho de talento y esfuerzo” que conforman las personas que han llevado el nombre de Albacete por el mundo. A ese mapa, ha dicho, Piqueras aporta “la voz” y “la mirada clara, literal y figuradamente”.
Cabañero ha señalado que el periodista ha sido durante décadas “la forma de contar quiénes somos hacia fuera”, pero también una ayuda para “entender lo que somos hacia dentro”. Y ha desarrollado esa idea acercándose a las distintas miradas que despierta su nombre.
Ha dicho que para cualquier albaceteño o albaceteña Pedro es, sencillamente, “uno de los nuestros”, porque ha estado en sus casas cada noche durante muchos años, contándoles lo bueno y lo malo “con calma, sin ruido, con respeto”, algo que, en los tiempos que corren, “vale mucho” y cada vez más.
Para la familia, ha apuntado, sigue siendo “el hijo de Pedro, el sobrino de Paco, de Marino, de Enrique, el chaval de la calle Zapateros, criado entre la alpargatería, el campo y la huerta”. Para los amigos de siempre, como Pepe Roldán o López-Galiacho, continúa siendo una persona cercana y leal, el que tocaba la guitarra en los bares y nunca ha olvidado de dónde viene. Y para la gente de la cultura de esta tierra, es “el que siempre está”, como demostró hace solo unos meses acompañando a Ricardo Avendaño en este mismo Claustro. “Eres de esos amigos auténticos que aparecen cuando hace falta, y eso no se aprende en ninguna facultad”, le ha dicho.
Un referente del periodismo que no grita ni polariza
Pero si algo ha quedado especialmente subrayado durante el acto es el valor de Pedro Piqueras como referente periodístico. Cabañero ha afirmado que cualquier periodista respondería que Pedro “es un referente”, porque ha demostrado durante más de cincuenta años “que se puede llegar a lo más alto sin perder el suelo, sin perder la identidad; que se puede informar con rigor y desde la verdad sin gritar, sin atacar y sin acatar”.
En un tiempo en el que la polarización parece invadirlo todo, ha añadido que Piqueras representa “profesionalidad, serenidad y respeto”, no sólo respeto por la gente, sino también por lo que representa el oficio periodístico. De hecho, una de las ideas de fondo del acto ha sido precisamente esa: que al reconocer a Pedro Piqueras, Albacete ha querido también rendir homenaje a una forma de hacer periodismo que hoy se ha de reivindicar más que nunca.
El presidente ha recordado además que, aunque dejó los informativos diarios “en lo más alto”, no se ha ido del todo: sigue opinando, analizando, aportando reflexión y ayudando a comprender la actualidad “con valentía, cuando más necesario es”.
La ‘radiografía’ de Pedro
Otro de los momentos con más intención ha sido la referencia expresa a la semblanza escrita por Manuel Campo Vidal en el programa del acto. El presidente ha confesado que ha sido una de las cosas que más le ha gustado al preparar esta cita: esa “radiografía” de Pedro construida a partir de una frase que Pilar Miró le dijo en su día y que hoy ha vuelto a resonar en La Asunción: “la cámara no solo fotografía, sino que también radiografía”.
Cabañero ha hecho suya esa idea para concluir que, después de tantos años delante de una cámara, en el caso de Pedro Piqueras esa radiografía revela “a una persona honesta y cabal”. Y ha rematado esa reflexión con una frase de mucho peso en la mañana: “Eso, en estos tiempos, no solo es una virtud profesional; es casi una forma de compromiso con la sociedad”.
Una medalla con nuevos sentidos
Al final de su intervención, el presidente ha querido explicar por qué esta medalla adquiere en Pedro Piqueras un significado especial. De oro porque representa “una forma de hacer las cosas bien durante mucho tiempo y sin atajos”; de honor por lo que siente esta tierra cuando le oye decir “soy de Albacete”; y de gratitud porque, cuando alguien da tanto a su provincia, esta intenta devolvérselo, “aunque siempre sepamos que nunca será suficiente”.
Y ha resumido el sentido del reconocimiento con una imagen muy clara y muy cercana: “más que una medalla, queremos que esto sea un abrazo”. Un abrazo “grande y sincero” de toda la provincia.
Campo Vidal: honestidad, serenidad y compromiso
Las palabras de Manuel Campo Vidal, pronunciadas desde la amistad, el afecto y la admiración profesional, han reforzado esa misma idea. Ha agradecido poder acompañar a Pedro Piqueras en este momento y ha recuperado también la anécdota de Pilar Miró para insistir en que la televisión, con el paso de los años, acaba dejando ver lo que uno es de verdad.
En ese sentido, ha afirmado que las “miles de radiografías acumuladas” de Pedro Piqueras muestran con claridad un patrón: “la honestidad, la sensatez y la serenidad”. Y ha destacado que, con esas virtudes y con su oficio, ha contado la actualidad diaria huyendo de la polarización.
Campo Vidal ha puesto además el foco en su defensa constante de los orígenes, en esa manera de llevar siempre a Albacete consigo, y en el compromiso democrático que hoy sigue detectando en su palabra, quizá incluso “más libre” tras dejar el formato diario de los informativos. En su opinión, Pedro Piqueras representa honestidad, serenidad y compromiso con la democracia, y voces así siguen siendo necesarias “muchos años”.
“Tenemos que reconquistar el periodismo de rigor”
Como gran protagonista, las palabras de Pedro Piqueras para cerrar el acto le han dado hondura personal y una lectura muy clara del tiempo que vivimos. Desde el primer momento, el homenajeado ha querido darle la vuelta al término que acompaña a la medalla: “Es curioso que la medalla se llame de gratitud; yo soy el que está agradecido…”.
Primero, al gesto al presidente de la Diputación y, de manera muy expresa, a que todos los grupos políticos hayan respaldado la concesión. “Me gusta el consenso”, ha dicho. “Creo que el consenso es posible y creo que nos podemos entender todos, seamos de la ideología que seamos”.
Piqueras ha reivindicado una visión profundamente humanista del desacuerdo, defendiendo que, por encima de cualquier diferencia, todos compartimos sentimientos, preocupaciones y el deseo de lo mejor para los nuestros. Y ha vuelto a mostrarse muy crítico con el clima de crispación que atraviesa el país.
En una de las reflexiones más relevantes de la mañana, ha advertido del avance de una forma de hacer política y comunicación contaminada por el insulto, la simplificación y la mentira, aludiendo expresamente al “trumpismo” y a la necesidad de no normalizarlo. Ha dicho que no se puede soportar que esa forma de tratarse llegue a los parlamentos, a los medios y, a través de ellos, a la gente joven. “No podemos insultarnos”, ha defendido, insistiendo en que quienes tienen una responsabilidad pública o mediática deben ejercerla desde la educación, porque “la educación no sobra ni entre amigos”, una de las enseñanzas de su padre que más le ha acompañado.
En esa misma línea, ha lanzado una idea central de su intervención: “Tenemos que reconquistar el periodismo de rigor”. Ha explicado que la verdad absoluta rara vez está al alcance de nadie, pero que precisamente por eso el deber del periodista es acercarse a ella con honestidad, frente a una época en la que la mentira escala posiciones y amenaza con desplazar a la verdad del centro del espacio público.
Y ha añadido una reflexión tan sencilla como poderosa sobre el oficio: que los periodistas rigurosos, los que intentan contar la verdad, también quieren que la gente los quiera. Por eso, ha confesado emocionado, esta medalla le importa no por su materialidad, sino por el cariño que encierra: porque significa que su tierra le quiere.
Albacete como cimiento moral
Pedro Piqueras ha dicho también que no habría sido nada sin Albacete y sin la provincia. Ha bromeado con que, si algún día se hiciera una película titulada Ocho apellidos albaceteños, él tendría que estar necesariamente en ella, repasando sus raíces familiares repartidas por distintos puntos del territorio y su relación intensa con la cultura popular, el folclore, la feria y la vida de la provincia.
Pero más allá del tono cómplice, ha dejado una afirmación de gran fondo: que Albacete le ha dado “los cimientos más importantes” para intentar no defraudar. Ha hablado de sus amigos como ancla imprescindible para no perder los pies del suelo, de su familia como sostén decisivo y, sobre todo, de sus padres, a los que ha presentado como una pareja complementaria de la que ha aprendido valores que le han servido “a cada paso”.
De su padre ha recordado lecciones que luego trasladó al periodismo: “lo bien hecho, bien parece”, la importancia de la rutina bien hecha, de la excelencia en lo cotidiano, de cuidar cada detalle porque “el público lo va a notar”; y también esa convicción de que la educación es innegociable. Ha contado que esas enseñanzas, que nacieron en la alpargatería familiar y en la vida sencilla de Albacete, han sido las que le han permitido afrontar con normalidad los grandes retos profesionales sin sentirse nunca una estrella.
Ha resumido todo eso en una idea muy clara: “Todo eso es Albacete para mí”. Y ha reconocido que el recuerdo de la ciudad y de sus paisanos ha actuado siempre como un acicate para no avergonzar a nadie. Ahora, ha añadido, esta medalla se convierte en un motivo más para seguir intentándolo.
Una mañana cuidada al detalle
El acto ha contado con música en directo del Real Conservatorio de Música y Danza de Albacete, a cargo de María Elena Calonge Casero, a la flauta travesera, y Jorge Real Calonge, al violoncello, madre e hijo, que han interpretado 1492. La conquista del Paraíso, de Vangelis; Salut d’amour, de Edward Elgar; y Cinema Paradiso, de Ennio Morricone, acompañando con sensibilidad una ceremonia pensada al detalle .
A ello se ha sumado la proyección de un vídeo-homenaje que ha ayudado a recorrer la trayectoria vital y profesional del protagonista de una mañana en la que Albacete no solo ha distinguido a uno de sus nombres más universales, sino que se ha reconocido también en una manera de contar la realidad con verdad, con mesura y con respeto.
Porque, como ha dejado dicho el propio Cabañero al cerrar su intervención, esta medalla ha querido ser sobre todo eso: “un abrazo grande y sincero de toda la provincia”. Y porque, como ha venido a demostrar Pedro Piqueras con sus palabras y con su trayectoria, el mejor periodismo sigue siendo el que ayuda a comprender, a convivir y a mejorar.